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domingo, 19 de mayo de 2013

CAMINO DE LA PATRIA


         


Cunado se pueda andar por las aldeas
y los pueblos, sin ángel de la guarda.
Cuando sean más claros los caminos
y brillen más las vidas que las armas.
Cuando los tejedores de sudarios
oigan llorar a Dios entre sus almas.
Cuando en el trigo nazcan amapolas
y nadie diga que la tierra sangra.
Cuando las sombras que hacen las banderas
sea una sombra honesta y no una charca.
Cuando la libertad entre a las casas
con el pan diario, con su hermosa carta.
Cuando la espada que vela la justicia
aunque desnuda se conserve casta.
Cuando reyes y súbditos junto al fuego
j….  sean de amor y de esperanza.
Cuando el vino excesivo se derrame
y entre las copas vacías se reparta.
Cuando el pueblo se encuentra y con sus manos
teja él mismo sus sueños y su manta.
Cuando de  noche grupos de fusiles
no despierten al hijo con su habla.
Cuando al mirar la madre no se sienta
dolor en la mirada y en el alma.
Cuando en lugar de sangre por el campo
corran caballos y flores sobre el agua.
Cuando la paz recobre su paloma
y acudan los vecinos a mirarla.
Cuando el amor sacuda las cadenas
y le nazcan dos alas en la espalda.
Sólo en aquella hora podrá el
hombre decir que tiene patria.

          Autor: Carlos Castro Saavedra

no apagues tu mirada



                                                                        
Espera, mi amor, no apagues tu mirada.
Deseo yo en los ojos leer tus pensamientos.
Tu voz está callada y el alma casi muerta.
Espera, mi amor, no apagues tu mirada.

Aguanta, calla, pero no me dejes.         
Mi herida, tu herida, está aún abierta
Y el corazón me sangra.
Espera, mi amor, no apagues tu mirada.

Si mueres tú esta noche,
yo seguiré tu senda al alba
y moriré mañana.

Amor, amor, amor, no vayas.
Mis labios en tu boca insuflan alma.
Espera, mi amor, no apagues tu mirada...


                                               FRUCTUOSO






sábado, 16 de marzo de 2013

Poema de Añoranza


                HABITAN EN MI             
            Por sombras que aún habitan en mí,
            Ocupando espacios de otras luces
            Ya extinguidas. Sin esperanza vivo,
            Con sólo un haz de ilusiones perdidas.
            Espero eso sí, recuperar mis fuerzas,
            Mis ilusiones, tu sonrisa abierta, tu aliento
            Tras las nubes, tras esas nubes negras
            Que vinieron a mí cuando tu ausencia.
            Por eso ahora pido que regreses, aunque sea
            Invisible a mi costado, pues no puedo vivir
            Así rodeado de angustia y de silencio.
            Necesito tu risa y tus canciones, neciso…
            ¡Qué sé yo! Tu perfume, tu canto y tu mirada
            … Te necesito a ti, a ti, a ti…  

miércoles, 13 de marzo de 2013

A MI MAESTRO


                                            A MI MAESTRO

               Maestro de mi infancia, hombre honorable,
               Duro y tierno a la vez,
               Donde quiera que vayas,
               Vivo yo tu vejez.

               Una pared blanca,
               Una tiza quebrada,
               Un puntero en la mesa,
               Una negra pizarra.

               En la mesa callado el puntero seguía.
               Jamás, jamás lo usaste:
               Fue tu palabra, tu gesto, tu mirada.
               Fue tu talento y tu ternura.
               Fue tu trabajo de una y otra hora.

               Han pasado los años, mas
               El tiempo no ha pasado,
               Para el amor sentido
               De un alumno olvidado.

               Cuando retorno al pueblo
               Y te veo sentado
               Allá en tu mecedora,
               Con las manos rugosas y temblonas,
               ¡Tan firmes! ¡Tan seguras!
               Entonces, en mi aurora,
               De amor y sentimiento,
               Mi alma se desborda.
               Mas tú ves impasible pasar,
               Pasar el tiempo.
               Tú esto ya lo sabías,
               Ya lo esperabas:
               Recuerdo: nos hablabas entonces,
               De la vejez, la dignidad del viejo,
               La muerte y la esperanza.

               Cuando paso a tu vera,
               Te saludo, sonrío y callo.
               Mas por dentro quisiera
               ¡Decirte tantas cosas!

               No te olvido, maestro, no te olvido;
               En la escena infantil de mi memoria
               Permanece imborrable una sonrisa,
               Un gesto amable en una tarde aciaga,
               Una mano en el hombro, un ¡Adelante!

               Una tarde de otoño, tal vez,
               Cuando vuelva de nuevo
               Yo a esta tierra,
               Cuando pase callado por tu puerta
               Veré la mecedora ya vacía,
               Mis ojos por tu ausencia, tal vez,
               Derramen lágrimas.
               Mas marcharé sereno,
               Pues sabré que te has ido,
 Mi amado y buen maestro,
Con dignidad al cielo.


FRUCTUOSO GARCÍA